Tus gestos me devuelven todos los signos
Las tardes se quiebran en ramos
Los arrecifes tienen prisa
Palabras oscuras iluminan los bosques
Y la libertad de los jardines
Con decaída lentitud casi sosteniendo tesoros
Colocas relojes de rumor suspirado
Miradas activas puntos de fiebre
Un amor de siglos te busca en los labios
Y mueve tu cabellera
Descubres nubes afables ciudades abiertas
Encuentras el calor del aire y del fuego
Océanos que se abandonan
Ventas quietas guiadas por el sonido de los ojos
Formas del humo con todas su raíces
Sobre lo negativo te llegan presagios
Abejas recientes cosmologías
Emblemas de claridad y herrumbre
En los campos del ocio resplandor de trigo y campanas
La dicha entera con el calor del frío
Tú sostienes profecías
Alertas del sueño y los cristales
Momentos de astucia para encontrarnos
Los cines de la muerte
Donde los asesinos suspiran mirando una flor amarilla
Quedan llanuras árticas
Árboles ligeros
Sobre objetos intentados pequeñas sombras
La seguridad en la duda más exacta
El agrio color del acero
Noches extendidas y olvidado de ruiseñores
Albor Maruenda.
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