Fragmentos que me hicieron sonreír mientras leo el Lobo Estepario. (Primera parte, porque solo he llegado hasta la página 104).
Expresaba elocuentemente en un solo segundo la duda entera de un pensador, de un sabio quizá, en la dignidad y en el sentido general de la vida humana. Aquella mirada decía: “Mira estos monos somos nosotros, mira así somos los hombres”.
Y toda celebridad, toda discreción, todas las conquistas del espíritu, todos los avances hacía lo grande, lo sublime y lo entero dentro del hombre, se vinieron a tierra y eran un juego de monos.
Al mismo tiempo comprendí que la base de su pesimismo no era desprecio del mundo, sino desprecio de si propio, pues si bien hablaba sin miramientos y con un sentido demoledor de instituciones y de personas, nunca se excluía a sí, siempre era el mismo el primero contra quien dirigía sus flechas, era el mismo el primero a quien odiaba y negaba.
Entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.
A pesar de todo, mi tristeza estaba un poco aclarada: ¡como que me había tocado un saludo del otro mundo! Un par de letras de colores habían bailado y jugueteado sobre mi alma y habían rozado acordes íntimos, un resplandor de la huella de oro se había hecho otra vez visible.
Porque ya resultaba que la soledad y la independencia no eran su afán y su objetivo, eran su destino y su condenación, que su mágico deseo se había cumplido y ya no era posible retirarlo, que ya no sería de nada extender los brazos abiertos lleno de nostalgia y con el corazón henchido de buena voluntad, brindando solidaridad y unión; ahora lo dejaban solo.
Me había hecho recordar lo eterno, a Mozart y a las estrellas.
Y todo esto lo conoce muy bien el lobo estepario, aun cuando no llegue nunca a ver este trozo de su biografía interna. Presiente su situación dentro del edificio del mundo, presiente y conoce a los inmortales, presiente y teme la posibilidad de un encuentro consigo mismo, sabe de la existencia de aquel espejo en el cual siente tan terrible necesidad de mirarse y en el cual teme con mortal angustia verse reflejado.
… y no quiere enterarse de que a veces el lobo es su parte mejor.
No es lobo todo lo que muerde; que allí habitan además zorro, dragón, tigre, mono y ave del paraíso.
En estos sacudimientos de mi vida salía al final ganando alguna cosa, eso no podía negarse, algo de espiritualidad, de profundidad, de liberación; pero también algo de soledad, de ser incomprendido, de desaliento.
Alguna vez me buscaba ella o iba a verla yo, y como los dos somos personas solitarias y dificultosas, afines en algún punto del alma y en la enfermedad espiritual, se conservaba a pesar de toda una relación entre ambos. Pero ¿no respiraría ella quizá y no se sentiría bien aligerada cuando supiera la noticia de mi muerte? No lo sabía, como tampoco sabía nada acerca de la autenticidad de mis propios sentimientos. Hay que vivir dentro de lo normal y de lo posible para poder saber algo acerca de estas cosas.
El erudito venía en dirección opuesta, tieso y algo miope, y sólo me conoció cuando ya estaba a punto de pasar a su lado. Se lanzó hacia mí con gran efusión, y yo, en mi estado deplorable, se lo agradecí casi. Se había alegrado y se animó, me recordó detalles de aquellas conversaciones, aseguró que debía mucho a mis estímulos y que había pensando con frecuencia en mi; rara vez había vuelto a tener desde entonces controversias tan emotivas y fecundas con colegas.
Pido a usted y a su señora mil perdones, tenga la bondad de decirle que soy esquizofrénico. Y, al propio tiempo, pido permiso para despedirme.
Mejor le iría a nuestro país y al mundo si al menos los contados hombres capaces de pensar se declararan partidarios de la razón y del amor a la paz, en vez de instigar ciegos y fanáticos a nueva guerra.
Y entonces me dormí en efecto, fiel a la orden maternal, dormí ávido y agradecido y soñé, soñé más clara y agradablemente que había soñado desde hacía mucho tiempo. Soñé.
Aveces es tan simple como saber que existen más lobos esteparios en este mundo como para no sentirse solo ni para dejar de luchar por las cosas que uno cree.
Yo.
Believe in me, as I believe in you. Always.
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